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Redacción de contenidos para las redes sociales: Las “4 palabras mágicas”.

Por Ricardo Palmieri

En Nadie acabará con los libros, de Umberto Eco y Jean-Claude Carrière, el semiólogo y escritor italiano incluye una frase que lo dice todo: “Con Internet hemos vuelto a la era alfabética. Si alguna vez pensamos que habíamos entrado en la civilización de las imágenes, pues bien, el ordenador nos ha vuelto a introducir en la galaxia Gutenberg y todos se ven de nuevo obligados a leer”.
Por su lado, Bill Gates, el cofundador de Microsoft, asegura: “Todos sabemos que hubo avances en cosas como el audio y el video digital. Pero el principal medio de comunicación para la raza humana es el texto”.
En verdad, podría afirmarse que nunca se escribió tanto como ahora: mensajes de texto, mensajes directos de Facebook, mensajes en WhatsApp, posteos y tuits en las redes sociales, blogs, e-mails, e-mailings, newsletters, e-magazines, sitios web.

Las organizaciones se ponen a escribir

Con la llegada de la Web 2.0, las organizaciones –empresas, instituciones, organismos− descubrieron que había empezado el diálogo. Y con éste, la necesidad de expresar con las palabras más adecuadas lo que se quiere decir.
Ahora las personas les escriben a las organizaciones de manera directa, en sus fan pages y perfiles de Twitter.
¿Cómo deben contestarles? ¿Deben cambiar su lenguaje o crear uno nuevo? ¿Hay que responderles de inmediato o no?
Quizás la primera respuesta sea que hay que contestar los comentarios basándose en las normas de urbanidad que, a pesar de todo, aún siguen vigentes.
Y dentro de ellas, se encuentran “Las 4 palabras mágicas”: “Permiso”, “Perdón”, “Por favor” y “Gracias”.
Quizás se usen menos en el lenguaje hablado o coloquial, pero su presencia, como parte del lenguaje corporativo, siempre da buenos resultados. A la vez, hacen que ese lenguaje resulte más humano y menos rígido, soberbio.
Para ello, algunas pautas permiten comprender mejor cómo aprovechar estos términos en beneficio de una mejor comunicación entre la organización y los clientes, usuarios, ciudadanos. O lo que es lo mismo: entre las personas.

. Permiso

“Permiso” y otras expresiones similares como “¿Nos permite… ?” o “¿Podría… ?” hacen más fácil el diálogo, lubrican los engranajes y predisponen favorablemente.
Un ejemplo: “¿Podrías indicarnos cuál fue el local que visitaste?” sería una frase adecuada cuando se deba responder un comentario negativo sobre un servicio mal brindado de una cadena de heladerías.

. Perdón

A algunas empresas pareciera que les resulta vergonzante pedir perdón o disculpas cuando cometieron un error.
Se dice que un cliente está más dispuesto a ser fiel a una empresa que alguna vez se equivocó y reconoció la falla, que a una empresa que nunca ha cometido errores.
En algunos casos, las palabras de disculpa bastan.
En otros, habrá que indemnizar de algún modo al cliente perjudicado.

. Por favor

Cuando se trata de impulsar algún tipo de acción, el “Por favor” es potente.
Demuestra respeto hacia el otro y abre el camino hacia el pedido que se desea realizar.

. Gracias

Agradecer un comentario o posteo inevitablemente es algo bueno, tiene un costo igual a cero y un riesgo también nulo.
Por otro lado, el dicho popular reza: “Es de bien nacido ser agradecido”.
Pero también es bueno aceptar los comentarios negativos. Salvo, claro, que contengan insultos o difamaciones. En este caso, es lícito ignorarlos aunque antes de hacer esto el perfil de la organización deberá mostrar un aviso o disclaimer que lo anticipe.
En cambio, si el comentario es negativo pero documentado y razonable, sería un pasarlo por alto.
En su artículo “6 Reasons to Not Fear Negative Reviews” (“6 razones para no temerles a los comentarios negativos”) el especialista estadounidense en estrategias para las redes sociales Sam Decker, explica que los perfiles donde no figura ni un solo comentario negativo no generan confianza en los visitantes.

Diálogo bidireccional

Daniel Solana, publicitario español, en Postpublicidad −un libro disponible en versión sólida, líquida y gaseosa−, postula como modelo de diálogo el que mantienen las marcas que nacieron con la Web: “Existe un tipo de marcas que están mucho más preparadas para establecer un diálogo con la gente: son las punto com. Ellas viven en un entorno de relación y deben gestionar su propia comunicación en la red. Nacieron en un website y desde entonces necesitan comunicarse bidireccionalmente. Las hay más o menos brillantes con el lenguaje, pero han desarrollado una nueva manera de expresarse, una voz, que no es la publicitaria, ni la corporativa; una voz mucho menos encorsetada, menos superlativa y más directa. Están entre la gente, conviven y hablan diariamente con la gente, y hablan como la gente. Son marcas conversadoras”.
Quizás hacia ese estilo deben dirigirse las empresas, instituciones y organismos que realmente busquen una sociabilización con sus fans y seguidores.


Ricardo Palmieri es el impulsor del estudio Redacción: Palmieri, de Buenos Aires, que brinda capacitación en escritura para las redes sociales, publicitaria, organizacional, y para e-mail marketing, comunicación interna y self-promotion.

Se desempeña como docente de posgrado en la UADE Business School, UP Graduate School of Business y Escuela de Posgrados de la Universidad Austral –Argentina–, y Universidad de La Sabana –Colombia–.
Integra el Comité Consultivo de la Red Mundial de Comunicación Organizacional. Escribió “En pocas palabras. Manual de redacción publicitaria para avisos gráficos y folletos”.
Es coautor de los bestsellers de Amazon “Marketing de Alto Impacto”, “Hablemos de marketing” y “Marketing para no marketers”.
Cocreó el programa de entrenamiento Escribir tu Libro y Venderlo.
Es magíster en Comunicación de la Universidad Austral y licenciado en Publicidad de la Universidad del Salvador.
Participa como jurado y orador en certámenes y congresos internacionales sobre redes sociales, comunicación, relaciones públicas, marketing, e-commerce, social media, diseño y publicidad.
Es fanático de las obras del escritor Felisberto Hernández -de Uruguay-, del arquitecto Amancio Williams y del músico electrónico Maxi Trusso de Argentina.

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